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Turista brasileño fue víctima de estafa en Cartagena

Continúan las denuncias por los excesivos cobros a extranjeros en estas playas.

Turista brasileño fue víctima de estafa en Cartagena
Por Juan Sebastián García | Jue, 22/09/2022 - 11:15 Créditos: Lonely Planet

Vuelve y juega. Un nuevo caso de costos elevados a turistas en las playas de Cartagena se conoció recientemente. En esta ocasión, un turista brasileño identificado como Cai Lazzaretto Mónaco, de 27 años fue la víctima.

El turista en entrevista con el periódico El Universal contó lo que sucedió en Playa Blanca, lugar turístico de Cartagena. Según el extranjero, luego de ser víctima de hurto buscó ayuda a las personas que trabajan en la playa. No obstante, la ayuda le salió costosa.

“Los muchachos en la playa, para que confiara en ellos, dijeron que me ayudarían a recuperar el teléfono, que conocían a todos y sentían mucho que yo estuviera pasado por eso. […] Me trajeron un plato de pollo con patacones, agua y me ubicaron en una sombrilla”, indicó el turista brasileño.

De hecho, sería un plan para que el turista pagará los elevados costos que los trabajadores impusieron. “Me estaban cobrando solo 60.000 pesos por el plato, la sombrilla, el agua y la tasa del pago con tarjeta de crédito. Pero noté que la máquina de tarjetas estaba adulterada. Leí que decía 1.200.000 pesos en lugar de 60.000 pesos, entonces supe que estaban intentando robarme. Les pedí confirmar bien el monto y me rehusé a pagar en esa máquina”, sostuvo el brasileño.

A la negativa de pagar el elevado precio de los alimentos, Cai Lazzaretto fue víctima de amenazas por parte de los trabajadores. ‘Si no pagas, no sales de esta playa. ¿Quieres tener problemas en Cartagena? Es mejor pagar’. [...] fueron como cinco horas de puro miedo y tensión, y no me dejaban salir del lugar sin hacer el pago”, narró Caio.

El extranjero brasileño pagó con tarjeta tras evidenciar que su vida corría riesgo. ‘Si no pagas, no sales de esta playa. ¿Quieres tener problemas en Cartagena? Es mejor pagar’. [...] fueron como cinco horas de puro miedo y tensión, y no me dejaban salir del lugar sin hacer el pago”, dice el artículo de El Universal.

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